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Entrando en el bosque ...

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Entrando en el bosque ...

Mensaje por Baraciel el Mar Ago 28, 2012 7:09 am

Una larga, larga existencia ... una vida ... no, una eternidad amando las cosas hermosas del mundo, viviendo bajo el emblema de la nobleza a diferencia de otros y pese a ser amargado en muchos aspectos Baraciel era un ángel guerrero que no tardó en tomarle el gusto al mundo de los hombres solía cabalgar con su hija en las cercanías de Londres al Suroeste, ahora ya estaba adentrándose en la Villa de Rose, completamente solo en busca de su destino y del peligro. A decir verdad, no era muy lejos y por dentro se preguntaba como sus hermanos tomarían su regreso, la Villa de Rose probablemente fuera en muchos aspectos un lugar enteramente diferente a la gran ciudad donde él vivía, esperaba encontrarse con muchos demonios aunque en ese bosque lo más probable y estrambótico que pudiera encontrarse fuera una guardia de licántropos o una cueva embrujada.

Hacía unos pocos días que ese misterioso hombre llegó con las noticias, gente de renombre estaba visitando la Villa de Rose, una peligrosa media sonrisa se dibujó en sus labios, gente que aún mantenía en sus recuerdos Kalel, Ariel y demás ángeles que había conocido alguna vez estarían allí, el solo pensarlo le ponía los nervios de punta y hacía que apretara sus manos tenso, sus ojos rojos mostraban una inusitada pasión que era justamente lo que sentía cada vez que podía adueñarse de un nuevo y único tesoro. Baraciel no era precisamente un buen cristiano, era un hombre ambicioso como tantos otros en busca de oscuros placeres, el no era como sus hermanos con los que discordaba tanto. Sus sirvientes habían preparado su equipaje y una carreta en donde lo transportaba cuidadosamente embalado, era demasiado temprano en la madrugada y no se detenía a descansar ¿Pero por qué razón desaparecer así nada más? nunca le daba explicaciones a nadie, pero obviamente que tenía un motivo, la búsqueda de criaturas malignas y de antiguos enemigos del pasado, Baraciel ama a su hija y a su hogar en Londres y si no hace nada estos podrían verse amenazados si la paz entre los ángeles y los demonios simplemente se rompe, no podía dejar que esos codiciosos pusieran las narices en el mundo de los humanos así nada más.

No llevaba guardias, el lugar, solitario, para nada ruidoso, Baraciel era un sujeto poderoso y entrenado, que había comprendido perfectamente los principios de la lucha así que estaba tranquilo de que se encontrara con bandidos del camino o cualquier otra criatura podría defenderse sin problemas, las pisadas de los caballos invadieron su atención un segundo en que su semblante se volvió serio. Todo en aquel hombre parecía destilar el brillo del oro, sus cabellos, el suntuoso collar y las pulseras que llevaba así como algunos grabados y orfebrería que transportaba joyas propias del fino arte pues ama todo lo que es bello y estilizado. Recordaba la sonrisa y el bello rostro de la amada que alguna vez abandonó hacía muchísimo tiempo con algo de tristeza y decidió parar ordenandole por las riendas a los caballos que se detuvieran en seco. Decidió caminar un poco, respirar aire y admirar la magnificencia de la luna. Sonrió y extrañamente tuvo deseos de quedarse a pasar la noche en ese bosque.

Elevo su mano, pequeña de dedos finos y observó la palma de la misma, inclinándose y bebiendo un poco de agua de una cantimplora que traía cruzada con una cinta de cuero sobre su camisa blanca, bien pegada a su cuerpo muy trabajado y marcado por el entrenamiento y el arduo trabajo físico ahora él era una luz dorada que desentonaba en la oscuridad, recordó aquellas épocas, los entrenamientos la sensación de la empuñadura de la espada sobre sus manos, los movimientos al cortar el aire y las marcas en los árboles, el mundo era un lugar salvaje y agreste, tan inmenso como ese bosque. Quizás en la Villa de Rose pudiera hacer algún buen negocio con otros nobles y poder incrementar su fortuna, la codicia era otro de sus pecados preferidos.

Caminó entonces hacia la carreta y volvió a subirse pretendiendo cruzar el bosque en dirección a los suburbios de la villa propiamente, A Baraciel le gustaba llevar la vida del lujo y eso era posible gracias a la paz, pero esos tiempos de paz pronto acabarían y si se salían de control con el mundo también acabarían, la guerra volvería, sus viejos conocidos volverían, las peleas entre ellos volverían, la desunión volvería, la hipocresía volvería, la deslealtad, pero después de todo los demonios no eran mejores que muchos de sus hermanos, pues a mucha gente del pasado también tenía en buena estima, quizás ... era el momento de ajustar las cuentas del pasado. "Nada es para siempre ... supongo" pensó recordando nuevamente la mirada esmeralda de su amada Guinivere y el hijo con el que una vez le bendijo del que también tuvo que despedirse, el ciclo .. se repetía una y otra vez pero el brillo dorado no se extinguiría al igual que su ambición de gloria.

Su mirada se alzó al cielo y sus estrellas sintiéndose en comunión con todas ellas, pero sus ojos no reflejaban su belleza, como lo hacían los de aquella mujer, ellos eran rojizos como el mismo infierno, llenos de potencia y de sed de sangre. Se debatía en la melancolía de mil recuerdos, las risas de su hija y su alegría y sus odiosos pretendientes, pero bueno quizás los negocios valieran la lejanía.

Admiraba esa belleza por sobre todas las cosas, pero aunque pudiera encontrar el brillo del oro en su vida, no podía encontrar un brillo como el de los ojos de Guinivere, una simple humana, sumida en la barbarie de un mundo violento, viviendo con orgullo y fortaleza, dotada de un amor y de un vigor muy lejano venido de otros tiempos mucho más alto que las nubes del cielo y hundido en la tierra y el barro, en la nostalgia y la neblina de Inglaterra, simplemente jamás encontraría ojos iguales, eran la huella imborrable de su memoria. Más dulce que el cielo y más ardiente que el infierno, el mundo estaba lleno de paradojas sobre todo cuando los simples aldeanos de la Villa de Rose seguramente saben disfrutar mucho más de los placeres de la vida que los nobles que los gobiernan, el oro ni la gloria comprarán el verde de esos ojos que una vez le miraban y nunca más lo harán.

Estaba agotado pero ese pensamiento no lo permitía descansar, las penumbras de la noche eran intensas, se acercaba el amanecer, de pronto se topó con un claro a un lado del camino en el bosque y decidió frenar su carruaje y cerca de los árboles y adentrarse a ver, podía ... sentir algo cerca ... ¿Un hombre? ¿O un espíritu merodeador? ¿Quizás solo una sombra? saboreó el peligro con una sonrisa afilada y amenazadora en sus labios y dejó el carro unos momentos persiguiendo lo que parecía ser un rastro, quizás ya estaba probando el exquisito sabor de la aventura antes de conocer a los pobladores de la Villa en sí, tal vez ese bosque escondía algo interesante de lo que poder adueñarse y apoderarse.


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Re: Entrando en el bosque ...

Mensaje por Invitado el Lun Sep 03, 2012 11:11 am

Su partida no había mas que asegurado su creencia sobre muchas cosas, en especial aquel desprecio que poseía hacia los machos de cualquier especia, le molestaba ver la dominación en la que muchas veces la femineidad recaía bajo los incasables intentos de aquellos seres brutos e insoportables.

Había estado cansada del viaje de regreso, había tardado aproximadamente casi una semana en el barco y luego a pie unos cuantos días mas, al llegar a la mansión hecha un lío en su apariencia se encontró con que su maestra no se encontraba en ella, los empleados que eran ángeles civiles le explicaron la situación y se sintió orgullosa de su maestra por irse y dejar colgado al caballero que intento seguramente pretender su mano en el santo matrimonio, Remiel ante sus ojos era realmente única y grandiosa pues ella era el ejemplo a seguir para la joven ángel guerrero. Como no vio mas razones para quedarse en aquel lugar si su señora no estaba, simplemente se dio un baño quitando el polvo de su piel, arreglo su cabello en una cola alta atándola con un listón, aprovechando la ocasión y que Remiel no estaba para obligarla a usar aquellos vestidos incómodos que tanto le molestaban fue a su cuarto y tomo una de las camisas poniéndosela, mientras lo hacia recordó a aquel hombre y frunció el entrecejo con molestia… tomo el chaleco ajustado al cuerpo que era un poco largo y cubría sus caderas pronunciadas que igualmente resaltaban a la vista, los pantalones entallados hechos de una tela especial… que era bastante flexible y se adaptaba bien a su cuerpo, unas botas altas que se mostraban sobre el mismo pantalón, su vestimenta era mas que inadecuada pero a ella no le importaba… tenia intensiones de entrenarse un poco aun a pesar del cansado y largo viaje… cosa que seria demasiado incomodo hacer teniendo en cuanta aquellos largos pliegues que tenían los vestidos… aunque solo bastante con cortar el largo del mismo para poder dejar sus piernas con mas libertad… pero no tenia ganas de usar ninguno de ellos y menos de arruinarlos cuando estos fueron regalos de su señora.

Salio cautelosa… para que ningún humano la viera vistiendo de aquella manera, para ella era normal moverse sigilosa y que nadie notara su presencia, pensó entonces en ir a visitar a Raziel, pero seguramente estaría en el monasterio con Rafael y Gabriel, y no tenia deseos de ir a molestar a los arcángeles que seguramente estaban tratando temas importantes, por lo que termino dirigiéndose al bosque como solía hacerlo, en aquel claro donde había un pequeño lago, había llevado algunas armas, una espada pequeña la os que jamás puede faltarle su Kusarigama atada a un lado de su cadera… al fin tras llegar a aquel lugar dejo ver la guadaña que en su forma era tan particular y única, por todos lados de ella decía arma de ángel, incluso su hoja afilada tenían la forma de las plumas de las alas, algo transparentes debido al material celestial con la que estaban hechas, era un arma elegante y femenina viese por donde se la viese por otro lado el arma en su cadera parecía ser mas normal que aquella preciosa y rara guadaña…

Estaba en medio del claro manteniéndose sobre el lago con su alas extendidas mientras con su arma favorita en mano se movía sigilosa pero muy rápido… encestando golpes con el filo sobre las aguas que se abrían y n única llegaban a tocar al arma, giros combinados con patadas y ataques de su arma… todo parecía una hermosa danza que solo era una demostración, de repente su cuerpo se inclino hacia atrás y de la nada la Kusarigama salio fuerte y derecho con velocidad mientra ella sostenía el otro extremo de la cadena, tirando de ella para que volviera y encestara un golpe hacia el lado contrario para que lo que ella virando al mismo tiempo parecía clavar la guadaña en un enemigo… otro giro hizo que la pequeña arma volviera en círculos a enredarse en su cadera, encestando otro golpe con la guadaña hacia su espalda, produciendo una onda expansiva que obligo al agua irse hacia aquel mismo lado.

Habrán pasado horas en los que ella había estado moviéndose sin hacer ruido alguno, incluso sus armas permanecían en silencio por la velocidad que utilizaba, pronto la guadaña se deshizo en el aire y se movió hacia la orilla del lago para sentarse en el pasto y mirar el firmamento con seriedad, nadie al verla creía realmente que ella pudiera ser capaz de una pelea, pues su cuerpo siempre se veía delicado y hasta débil, cierta nostalgia se dio en su ser mirando al cielo, y comenzó a cantar una canción que ella misma había compuesto pensando en Raziel quien era una de sus mejores amigas, aunque jamás dijo que era para ella en si, mas bien era el resultado de lo que ella misma veía de la vida de ella, cantándolo como si fuera sobre ella misma, siempre atenta a las experiencias ajenas y aprendiendo de ellas… su vida así se basaba, después de todo esta angelical figura no pretendía adquirir realmente ninguna vivencia profunda en la tierra media, ella estaba ahí solo para proteger a remiel de cualquier demonio inferior o meta que se le ocurriera atreverse a acercarse a ella… hacia meses que no la veía, comenzó a preocuparse mientras su voz poderosa y hermosa se alzaba en el aire armoniosa y afinada, jamás cantaba con gente mirándola, solo Remiel y Raziel eran conocedoras de su voz…

Pero ese día sentía nostalgia de volver a Villa de Rose, tantos recuerdos se daban no solo en la ciudad si no también en aquel mismo lugar donde estaban sentadas, siempre motivada por su señora que deseaba que llevara una vida tranquila y aprovechara para ser simplemente humana, aunque jamás entendería a aquellos seres inferiores que eran sumamente molestos y emocionales, pero recordar aquellos momentos que había compartido de con la señorita Remiel, Raziel e incluso con Rafael aunque fuera hombre, quizás uno de los pocos con los que ella no sentía ganas de vomitar en su presencia, Rafael mostraba ser diferente a los hombres en general, y aunque no podía decir realmente que le agradara al menos su presencia era tolerable a diferencia de las demás.

Aun así, siguió entonando la letra de aquella canción, que se sumergía en tristeza y desesperación, hablaba de la fuerza de soportar lo que era inevitable, hablaba de los momentos de debilidad en las que las lagrimas brotaban por no poder detener el dolor dentro, pero también contaban la firmeza y honor de seguir siendo lo que se era aun cuando la demencia se asomara a querer destruirlo todo… la canción parecía cantada a un caballero, mas esta solo se refería poéticamente de aquella manera a la locura en si misma.


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Re: Entrando en el bosque ...

Mensaje por Baraciel el Lun Sep 03, 2012 1:28 pm

Una rápida sucesión de pasos sin sonido le hizo abrirse camino entre las malezas, risueñamente estaba seguro de que encontraría algo interesante, sencillamente el ángel probablemente más asesino de todos desconocía el miedo, quizás el era simplemente un psicópata pretendiendo adueñarse de todo, las cosas bellas del mundo simplemente se otorgan por si solas, siempre al alcance de su mano y de las de los perezosos mortales, ni siquiera se mostraba armado, el podía convocar sus armas en cualquier momento gracias a su poderosa magia angelical, entre los árboles comenzó a sentir muy en lo profundo una presencia de notorio poder angelical tal parece que aprovechaba la oscuridad de la noche para escabullirse sin que las personas le vieran, ¿Acaso podría averiguar un secreto de alguno de sus hermanos? la idea hizo que apurara el paso desesperadamente, aunque por otro lado ojalá hubiera sido un impuro al que destrozar con sus distinguida colección de espadas, Aunque por más que sabía que se trataba de alguien perteneciente a la misma "familia" celestial le desconocía por completo, seguramente era un alma bastante más joven que él, aún en la lejanía esa energía destilaba una lealtad muy profunda hacia los ideales de lo alto y hacia la nobleza del guerrero. Era obvio que se trataba de un guerrero.

- Veamos entonces de qué están hechos los caballeros de Dios, que defienden el mundo celeste hoy en día -

Se dijo con aquella sonrisa casi vampírica disfrutando mucho cada instante que le acercaba, poco a poco una dulce voz comenzó a acercársele mientras el se acercaba sigiloso ocultando su presencia como si fuera a abalanzarsele como un animal a una presa, claro era una mujer, su voz transmitía la misma energía, transmitía sentimientos también hablaba del valor y de la desesperación, temas muy conocidos que le suavizaban el alma, con elegancia y con confianza entonces caminó hasta ese lago cercano, había dado muchas vueltas por el lugar ya, ¿Qué sabía esta chiquilla de la guerra? se preguntaba por dentro, si apenas seguramente tendría memoria para recordar cosas sobre ella, y mucho menos sus hazañas, mismas que había venido a revivir con tributos de sangre. extendió su mano a un costado como con precaución y la figura del ángel cantante fue visible ante sus ojos por primera vez, lo que hizo que su sonrisa se agudizara aún más e inclinara su cuello sobre el hombro para escucharle mejor y poner todos sus sentidos abocados a analizarla. Una vez que la hermosura de su canto lo distrajo no pudo hacer a un lado su orgullo podríamos decir que ante sus ojos había una tierna y dulce señorita.

- ¡Estoy de viaje!, pobre joven de la noche… que hermoso es tu canto ¿donde vives? ... hermana -


Le preguntó de manera imponente y haciendose notar sin penas brillando entre las sombras, el gran rey le estaba hablando y era bueno que lo notara por lo que irrumpió en una estruendosa carcajada ante lo raro de que una joven saliera sola a esas horas, pero sus atuendos eran tan extraños, todas sus peculiaridades le delataban que era un ángel

– ¿No es muy tarde para salir a jugar dulce jovencita?, si lo deseas puedo llevarte nuevamente hasta tu hogar ¿tienes padres?, ven conmigo, encontrarás mucho de que hablar, yo estoy en busca del camino a la Villa de Rose -

Le confesó retrocediendo levemente y colocando uno de sus pies sobre una roca…

- Tu melodía ... es asombrosa -

Susurró muy despacio dedicándole con el cuello tendido una dulce mirada con sus ojos escarlata, asesinos pero no por ello menos hermosos que los de cualquiera de sus hermanos ya que no por nada era el guerrero dorado.

- Seré tu escolta y guardia hasta que estés segura nuevamente -

dijo burlonamente recién pudiendo parar de reír y comenzando a caminar hacia la orilla del lago y así poder ver más de cerca a la damicela.

"Maldición, no he dormido en toda la noche"

Pensaba con cinismo, al momento de casi mojarse los zapatos con el agua y cruzarse de brazos esperando por una respuesta del ángel cuyo hermoso canto ha sido interrumpido por sus nobles demandas.



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Re: Entrando en el bosque ...

Mensaje por Invitado el Vie Sep 07, 2012 12:57 am

El cántico se detuvo al sentir la presencia de otro ser cercano, aunque desconocía por completo aquella aura, la esencia era similar a la suya por lo que no tardo nada en darse cuenta que un ángel guerrero merodeaba por el lugar, soplo aire muy pesado, su paz duro lo mismo que nada como siempre, y sin tardar mucho a todo aquello el “gran señor” se acerco con toda su arrogancia a hablarle como si fuera una don nadie, por dentro pensó en clavar bien profundo en sus testículos su guadaña pero como Remiel le había pedido que mantuviera el control solo hizo una larga cuenta regresiva en su mente para no mandar al infierno al señor que tanto parecía creerse… su moral bajo bastante, el tener que lidiar con alguien así, aun mas un asqueroso ángel “macho” le sacaba el poco animo que había tenido desde su llegada a Villa de Rose, una decepción tras otra… Remiel no estaba, no encontró a Raziel por ningún lado… era demasiado… y encima tenia que escuchar a aquel imbecil escupir sus palabras tan pedante y grosero.

-…..-

Sin mas ella se levanto, ignorando por completo las palabras de aquel sujeto tan molesto… comenzó a acomodar bien su Kusarigama en su cadera como si aquel sujeto simplemente no existiera, era increíble… ¿Eso era un ángel? Que asco, jamás creyó sentir tanto asco de un “hermano” en todos sus años de vida, era increíble que aun aquel mantuviera sus alas puras siendo solo un pecador como los mismos humanos, eso demostraba realmente que la sociedad celestial había recaído bastante al permitirle un lugar a semejante estúpido entre ellos.

-…..-

Aun sin comentar nada al respecto acomodo su ropa, y sacudió la tierra que había pegado a sus ropas, volvió a dar un soplido liberando su cuerpo de la pesadez producida por aquel…… ser. Le dio la espalda y simplemente comenzó a caminar, no tenia intención alguna de cruzar palabra con aquel, no tenia necesidad de compartir nada con ese “ángel” era mejor fingir que no existía y que esa noche no paso nada, volvería a la mansión y descansaría en su cama como quizás debió hacerlo apenas había llegado… así se perdió en la profundidad de aquel bosque.

-Que idiota…-

Dijo al fin con molestia virando los ojos en circulo y con un gran fastidio, el cabello que llevaba atado lo desato para que quedara suelto al fin… acomodo un tanto su cabellera revolviéndola con la mano, ya tenia dolor de cabeza por el mal rato y tener el pelo atado y tirante solo le ocasionaría mas dolor… así que camino tranquila, no fue volando pues necesitaba aun calmar un poco su mal humor antes de llegar a la mansión y terminar amarrándola con alguno de los ángeles que allí vivían.

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Re: Entrando en el bosque ...

Mensaje por Baraciel el Vie Sep 07, 2012 9:14 am

No era casualidad aquel ser había podido percibirlo, en efecto no conocía para nada a esa jovencita de cabello oscuro, también se percató de que se trataba de un ángel guerrero, probablemente entrenando a escondidas, y no hacía falta ser muy inteligente para darse cuenta que la interrupción a su jornada le había molestado, pero bueno la verdad es que no era más que una niñata para el que hubiere asumido el título de "Gran Rey" en el pasado, ciertamente sus congéneres no valían demasiado para el rubio guerrero, exceptuando a los arcángeles cuyo nivel de poder era bastante más superior, una peleita no le hubiera venido mal ¿pero como contener sus deseos de matar entonces? finalmente fue bueno que aquella partiera sin mediar trato alguno… su rostro, algo apenado a pesar de todo retomó una expresión seria e inexpresiva, ya llegando a la Villa de Rose, Baraciel seguía siendo tan competitivo como había sido toda su vida. Tampoco entendía porque esa muchachita con la que se encontró tenía esa gran tristeza interior, arrogante y orgulloso sin más elevó una de sus cejas y se dió media vuelta en dirección a su carro, tenía que encontrar la entrada a la Villa.

Que atrevidas las muchachitas de hoy en día…se decía echando otro trago de su cantimplora, todo lo que existe en el mundo es la fuerza y el resto no son más que ilusiones para los débiles y los "nuevos" solían ser muy débiles, el dorado no guardaba dulces mieles en su paladar ni en sus pensamientos, la verdad había que asumirla o morir bajo su peso y los ángeles no eran la excepción.

Acalorado tironeó del cuello de su camisa ya llegando a unos pasos de su carro, resopló afligido de pensar en que otra vez tendría que soportar los sermones de sus hermanos superiores, más aún así subió a su asiento dispuesto a cumplir con su deber. En gran medida a Baraciel le importaba un comino la existencia de Sophyel aunque lamentaría tener que cruzarse de nuevo con ella o atestiguar su final si era requerido, con su trasero pegado al asiento, tan lejos de las comodidades de su hogar en Londres… avanzó por el camino que cruzaba el bosque.

- Niños que se creen que esto es un festival ... -

Determinó frunciendo el ceño al pensar en sus congéneres más jóvenes, ya estaba amaneciendo y por fin llegaba a la entrada de la Villa… una sonrisa pecaminosa se mostró en sus labios al ver a unas pocas personas reunidas en la entrada, ya lo estaba disfrutando, la tensión, el nerviosismo, la incógnita, tal vez tuviera la suerte de conocer a algún personaje enigmático e interesante.

"Bienvenido Baraciel, bienvenido a la Villa de Rose"

Se dijo en pensamientos, cuando su carro se acercaba a una de las entradas.¿Cuál era ahora el próximo paso a seguir? eso si que no lo sabía.


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